22 feb 2013

Los sueños de la ciudad, de Raúl Hernández Garrido, Ediciones Irreverentes


Raúl Hernández Garrido ha sido el ganador del II Premio El Espectáculo Teatral, con la obra Los sueños de la ciudad.

Los sueños: Dos ojos enceguecidos chocan contra la roca negra.
Mientras tú duermes. La oruga monstruosa se retuerce en el vientre de la ciudad. Abre su boca, mueve sus dientes de metal, machaca la tierra, insensible al desprecio.  Orada miles de kilómetros, agujerea el cuerpo de piedra de la ciudad.  Cierra los ojos blancos y descansa. De su sueño de muerte, nacen los amaneceres de la ciudad.
Raúl Hernández Garrido (Madrid, 1964) es uno de los principales exponentes de la última dramaturgia española. Como autor teatral obtuvo el Premio Lope de Vega con Los engranajes; el Premio Rojas Zorrilla con la obra Los restos: Agamenón vuelve a casa; el Premio Calderón de la Barca con Los malditos, el Premio Ciudad de Alcorcón por la obra De la sangre sobre la nieve y el Premio de Teatro Born con la obra Si un día me olvidaras. 
Ha sido finalista del Premio Nacional de Literatura Dramática por su obra La persistencia de la imagen, producida por el Centro Dramático Nacional. Sus textos han sido traducidos a una decena de idiomas y representados en países como Rusia, Hungría, Portugal, Argentina, Rumanía, Italia, Brasil y Costa Rica. Es guionista y director de los largometrajes Escuadrón hacia la muerte (TV, basado en la obra de Alfonso Sastre) y Antes de morir piensa en mí.

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Juegos para actores y no actores de Augusto Boal




Juegos para actores y no actores es un libro valioso para todas las personas interesadas en la aplicación de técnicas teatrales en todas las actividades humanísticas: psicología y psicoterapia, arte y educación, trabajo social y político. Traducción de Mario Jorge Merlino.



Una noche con la muerte y El discurso de los poderes de Juan Patricio Lombera (Ediciones Irreverentes)

Una noche con la muerte y El discurso de los poderes forman el díptico con el que Juan Patricio Lombera ha sido finalista del II Premio El Espectáculo Teatral. En ambas historias, la muerte es la protagonista, aunque su relación con los hombres es muy distinta. En la primera obra, un joven de Chiapas es visitado por la muerte, que pretende llevárselo, pero se encontrará con unos planes bien distintos; los del joven, que en plena efervescencia hormonal, lo que quiere es fornicarse a ese esqueleto sin encantos que dice ser la muerte. Comedia de humor negro, -negrísimo- muy adecuada para ser leída en noche de luna llena en un cementerio lo más decadente posible. Y a ser posible ahíto de peyote. En El discurso de los poderes, un periodista es secuestrado por un grupo guerrillero, que utiliza su vida como moneda de intercambio con un gobierno dictatorial típicamente hispanoamericano. Lo que no podía figurarse nadie en el grupo guerrillero es la cantidad de intereses particulares que hay en un Estado y cómo antes de tomar una decisión, lo que menos se valora es la vida humana; y que el propio periodista tiene una carta negrísima en la manga. ¿Y la sociedad civil? Borracha en una taberna de mala muerte, haciendo apuestas.

Teatro del Oprimido, de Augusto Boal

Augusto Boal desarrolló los principios contenidos en Teatro del Oprimido en la década de 1970 en Brasil, en el seno de una renovación cultural en torno a la práctica del arte escénico como una actividad dedicada a la mejora efectiva de la vida de los grupos sociales más desfavorecidos. Fue en esta obra donde Boal articuló el embrión de un método que permitía facilitar el reconocimiento de la naturaleza y origen de las opresiones más profundas para poderlas combatir. Su propuesta es subvertir radicalmente las convenciones que dominan el mundo de la representación, transformando al espectador en protagonista de la acción dramática para que pueda preparar acciones reales que le conduzcan a la propia liberación. Con espíritu brechtiano, de ahí partió la investigación de Augusto Boal que, a lo largo de los años, ha dado como resultado el Teatro Legislativo, el Teatro Invisible, el Teatro Imagen y el Teatro Forum y la práctica teatral en su vertiente terapéutica conocida como El arco iris del deseo. En la Estética del Oprimido, Boal lanza las bases de una Estética que corresponda a las necesidades de los oprimidos, sin copiar las Estéticas dominantes de los opresores. Teatro del Oprimido fue publicado originalmente en dos volúmenes en 1973 -el segundo titulado Juegos para actores y no actores- y pronto se reveló un texto ineludible de referencia, tanto en el ámbito de la creación teatral como en el del activismo político, la psicoterapia, el arte y la educación social. Ahora recuperamos en español una versión revisada y ampliada por su autor.

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14 feb 2013

La Guarida, de Lourdes Ortiz, en Ediciones Irreverentes

La Guarida es la historia de Nemo, un ermitaño, un hombre intencionadamente apartado del mundo, que en un momento ve invadida su tranquilidad por un grupo de gente que ha sufrido un accidente aéreo y llega a su casa, incomunicada por la nieve con el mundo civilizado. Todo sucede en una habitación cerrada. Los personajes son Nemo y los ecos que llegan de la ciudad, irrumpiendo y trastocando su vida tranquila. Es una obra hecha de personajes, actitudes y voces, ideal para el juego del actor. Los protagonistas tienen personalidades fuertes, sufren conflictos contemporáneos y liberan todas sus tensiones en ese mundo cerrado. La codicia, el sexo y la agresión están en el aire. Es un ejercicio de reflexión sobre nuestros temores, sobre el dilema de la participación o la exclusión voluntaria de una sociedad que mancha cuanto toca.

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7 ene 2013

Amor líquido de Alonso de Santos en Conoceralautor

Alonso de Santos, Premio Castilla León de las Letras

Catalina del demonio, de Francisco Nieva, en Ediciones Irreverentes


Catalina del demonio es una obra transgresora, en la que Nieva juega con el sainete y la comedia de costumbres: aparece el típico estudiantón veterano, la frescura y la gracia canalla de los jóvenes estudiantes, la presencia de Catalina, amante tan ingenua como canalla; el envaramiento distante de la aristocrática Dolores. El contrapunto lo pone Gorro, el amado, el silencioso, el que a todos seduce con su propio misterio. Nieva distorsiona con maestría la atmósfera de obras como El árbol de la ciencia de Pío Baroja, o El hermano Juan de Unamuno. De la primera toma el ambiente estudiantil de la Facultad de Medicina de la calle de Atocha de Madrid; de la segunda, el personaje del hermano Juan. La convergencia de todos estos hechos lleva a Nieva a calificar su obra como un pastiche, aunque en realidad es un burdel; el burdel de la vida en que nos solazamos hoy con las mismas trapacerías e ingenuidades que hace un siglo, porque siguen vivos el expresionismo de Gutiérrez Solana, el costumbrismo distorsionado de Arniches, el Madrid de Galdós. Madrid es hoy un decorado de Galdós y sólo Nieva y unos pocos más han sabido darse cuenta. Los protagonistas, como es norma en Nieva, disfrutan perdiéndose por amor. Así hasta la muerte.
Francisco Nieva (Valdepeñas, 1924). En 1963 vive en Venecia, donde conoce el teatro experimental del “Living Theatre” y recibe el premio Polignac ex-aequo con Yehudi Menuhim y Nadia Boulanger. En España colabora con José Luis Alonso y Adolfo Marsillach. En 1971 publica su primera obra, “Es bueno no tener cabeza”. Posteriormente aparecen títulos como “Tórtola, crepúsculo y… telón”, “Pelo de tormenta”, “Coronada y el toro” y “Teatro furioso” y “Teatro de farsa y calamidad”. En 1976 triunfa con “Sombra y quimera de Larra”. En 1980 recibe el Premio Nacional de Teatro por la adaptación de la obra de Cervantes “Los baños de Argel”. En 1986 es elegido miembro de la Real Academia de la Lengua Española. Su versión de “Manuscrito encontrado en Zaragoza”, (Ediciones Irreverentes), le proporciona el Premio Nacional de Literatura Dramática, que recibe el mismo año que el Príncipe de Asturias. En 1996 recibe la Medalla de Oro de las Bellas Artes.
Entre sus novelas cabe destacar “Granada de las mil noches”, “Carne de Murciélago” y “La mutación del primo mentiroso”(Ediciones Irreverentes), por la que recibió el I Premio Ciudad Ducal de Loeches. ía Nacional de Teatro Clásico.
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25 jun 2010

El Congreso Hispanoamericano de Escritores y el futuro del libro teatral


En la jornada del lunes el Congreso Hispanoamericano de Escritores se ha centrado en el futuro del libro teatral. En una mesa redonda moderada en la Casa del Libro de Gran Vía, 29 (Madrid) por el dramaturgo Raúl Hernández Garrido y con la participación de Lola Blasco (España), Luis Araujo (España), Daniel Veronese (Argentina), Juan Martins (Venezuela), Camilo Pellegrini (Brasil), Marco Antonio de la Parra (Chile), Luis Miguel González Cruz (España), José Henríquez (Chile), Amaranta Ossorio (México-Colombia) Marcos Malavia (Bolivia) y Miguel Angel de Rus (España) se ha hablado de las posibilidades que tiene el libro teatral en el futuro.Para Raúl Hernández Garrido, “En gran medida el libro teatral compartirá formatos en el futuro; junto al libro en papel, que no desaparecerá, se trabajará con el libro electrónico y con descargas de textos desde Internet. Quienes principalmente trabajan con los textos teatrales son las compañías, y para ellos la descarga a cambio de un precio módico será una buena solución. También es una buena solución para las traducciones, pueden traducir tu obra y dejarla al alcance de todo el planeta, sin el coste adicional de editarla en cada país.”
El escritor Miguel Angel de Rus apuesta por el libro en papel como fuente de promoción y marketing para el teatro: “Ya a principio del S.XX había extraordinarias colecciones de libros teatrales, pequeñitos, muy baratos. No hay por qué pensar que si el público de hace 100 años era capaz de ver la obra y luego leerla, el público actual no sea capaz. Además, el libro tiene una ventaja para las productoras teatrales; es una magnífica herramienta de marketing. Cuando envías el dvd de la obra a los distribuidores y programadores, si va acompañado de un libro para que se pueda leer, quien puede llevarla a escena verá mejor los matices. A mí personalmente me pasó en Ediciones Irreverentes con una obra de Roger Rueff ‘El pez gordo’ la obra salió en libro justo antes del estreno, se hicieron publicidad mutuamente, a la compañía le vino genial y el libro se movió por distribuidores; resultado, la obra se ha pasado más de un año de gira. El libro teatral y la puesta en escena son complementarios”

El venezolano Juan Martins sostiene “que quienes editamos libros teatrales en Venezuela tenemos un camino complejo, porque hay que saber a qué publico vas dirigido. Ediciones Estival, que es la editorial que dirijo, ha trabajado en buscar nuevos autores, edita la revista teatralidades, todo con el fin de poner en relación autores de toda América. Este Congreso Hispanoamericano de Autores debe servir para descubrir nuevos registros de autores y facilitar el trasvase de opbras entre América y España”.
En el debate se creó una cierta polémica sobre si el teatro es literatura o el texto literario es sólo una parte sobre la que trabajar. El dramaturgo español Luis Araujo defendió que “el teatro es literatura. El mío lo es. Trato el texto como una pieza literaria. Uno de los grandes problemas del teatro actual es la pérdida de calidad literaria en los textos. Ahora el teatro es casi un guión de cine, ya no se hace literatura para la escena. El teatro no es sólo literatura, sino que es la única expresión artística que engloba todas las artes. La publicación de la obra en libro es esencial. Yo tardé diez años en publicar mi primera obra teatral. Era actor, trabajaba con mis textos, pero no publiqué hasta que me dieron la oportunidad en Primer Acto. Una vez que mis textos estuvieron publicados se me tradujo a otros idiomas. El libro es una muy útil y elegante tarjeta de presentación que facilita estrenar”.

Toda la información en http://www.congresohispanoamericano.com/notasPrensa.html

Teatro en el Congreso Hispanoamericano de Escritores

Homenaje a los malditos

Las obras que integran esta publicación (Homenaje a los malditos, Los que ríen los últimos, Futuros difuntos) siguen el legado dramático de La Zaranda, pero ante todo, siguen el camino de la convicción del grupo y del autor en torno al eterno diálogo que entabla el ser con su alma, siempre en frente de la vida y la muerte a las que rinde homenaje, a las que busca en la tristeza del camino, a las que entierra en el manicomio de la sinrazón. Eusebio hurga en estas tres obras sobre ese vacío existencial, tanto en el coro que le rinde Homenaje a los Malditos, en los trashumantes payasos que allanan la tristeza del camino en Los que ríen los últimos, como en los desahuciados de Futuros difuntos. El lector se ve comprometido en insalvables afanes metafísicos porque tiene enfrente una dramática que propone una reflexión acerca de los verdaderos problemas del hombre: la muerte, la angustia, el escepticismo, la fe, el olvido. Mucho del teatro que se hace hoy ha dejado de lado esta dimensión existencial y el que acude a ella, las más de las veces termina trivializándolo. Lejos de cualquier concesión de entretenimiento está la dramática zarandiana. Por el contrario, un aliento trágico se ofrece como signo sobrecogedor de estos textos: cuando aparece un atisbo de felicidad en estos seres; cuando surge el humor que promete anular la tragedia; cuando el final se precipita para aliviar el dolor, es justamente cuando el destino oscurece todas las salidas y ahoga, hasta el límite de la esperanza, la condición de existir.

28 ene 2010

Fuera de quicio, de José Luis Alonso de Santos

Nada más irreverente que este texto de José Luis Alonso de Santos en el que las monjas del psiquiátrico trapichean con droga, el director del manicomio –y por lo tanto representante del orden establecido– mata a su mujer, se dedica al espionaje y quién sabe qué más maldades, y la madre superiora en lugar de dedicarse a Dios y a sus obras de caridad se dedica al sexo pecaminoso con un indeseable. En Fuera de quicio las únicas personas razonables son los locos… como en la sociedad mundial de comienzos del S.XXI. Quizá como en todos los tiempos.
Este texto que nació en la libertad voluptuosa y frenética de los años posteriores a la muerte de Franco ahora resulta casi imposible de representar por escandaloso; una cosa es caer en el vicio, que es justificable, y otra que un cómico lo plasme en el papel. En Fuera de Quicio encontramos la mejor herencia del esperpento de Ramón del Valle Inclán, del humor costumbrista de Arniches, la capacidad de absurdo de Miguel Mihura y Enrique Jardiel Poncela y un sarcasmo sobre las personas respetables que encantará al amante del teatro destinado a ser eterno. Alonso de Santos eleva a la categoría de héroe al perdedor, destrona al triunfador y nos nuestra el otro lado de la capa que cubre las miserias de la sociedad.En un extraordinario prólogo Elena Cánovas cuentas las peripecias que ella y el autor vivieron al representar la obra con el grupo Yeses, formado por las presas de la cárcel de Yeserías. Presas y locas se convierten por la magia de autor y directora en personajes míticos de la España de charanga y pandereta que cada vez resulta más extraña.

Afirma en el prólogo del libro Miguel Angel de Rus:

La idea de publicar Fuera de quicio surgió porque al cumplirse los diez años
de Ediciones Irreverentes quisimos celebrarlo editando la obra teatral más
irrespetuosa del último medio siglo. Y nada más irreverente que este texto
de José Luis Alonso de Santos en el que las monjas trapichean con droga, el
director del manicomio –y por lo tanto representante del orden establecido–
mata a su mujer, se dedica al espionaje y quién sabe qué más maldades, y la
madre superiora en lugar de dedicarse a Dios y a sus obras de caridad se
dedica al sexo pecaminoso con un indeseable. En Fuera de quicio las únicas
personas razonables son los locos… como en la sociedad mundial de
comienzos del S.XXI.
De hecho, este texto que nació en la libertad voluptuosa y frenética de
los años posteriores a la muerte de Franco ahora resulta casi imposible de
representar, porque esos dignísimos delincuentes con secretaria que forman
la buena sociedad se escandalizarían de las barbaridades que Alonso de Santos
muestra aquí. Como buenos españoles, los decentes creen que su dios se
lo perdona todo, siempre y cuando no se sepa lo que hacen. Así pues, una
cosa es caer en el vicio, que es justificable, y otra que un cómico lo plasme
en el papel.